a en el 2008 quisimos ir a la Pica d´Estats, pero al dejarlo para última hora, cuando llegó el momento de hacer la reserva en el refugio de Pinet (pretendíamos hacerlo por el lado francés para que nos acompañaran Jordi y Sigrid), estaba todo ocupado y tuvimos que posponerlo un año, hasta que el primer fin de semana de las vacaciones de verano del 2009, nos pusimos en marcha para intentar subir la cima más alta de Cataluña.Poca gente debe haber llegado al refugio de Vallferrera arrastrando una maleta con ruedas, y cargados con unos tomates enormes de cosecha propia, pero para eso está la U.E.F., para hacer cosas, que al resto ni se les pasaría por la cabeza. Debido a una información errónea sobre el tiempo que se tarda en subir desde el aparcamiento de la Molinassa hasta la puerta del refugio, Moisés se presentó con la misma maleta con la que horas antes había vuelto de viaje, y calzando unos mocasines se dispuso, una vez se bajó del coche, a ir en busca de donde íbamos a pasar la noche. A medida que iban pasando los minutos y no llegábamos al refugio, las risas y comentarios sobre el acertado atuendo montañero elegido por el Vocal, fueron a más, llegando al punto culminante cuando a pocos metros del refugio, viendo que los que iban a pasar también la noche allí, estaban fuera esperando la hora de la cena, dijo que no pasaba entre ellos con la maleta, que la dejaba en el bosque y que ya iría a buscar lo que le hiciera falta. Tuvo que ser Javier, quien arrastrara aquel artilugio por delante de todo el mundo, ante las caras de sorpresa del comité de bienvenida que habíamos encontrado. Sin ellos, las noches en los refugios no serían lo mismo, y después de haber ido a muchos, llegas a creer, que forman parte de la plantilla de los guardas, que los tienen en nómina, para mantener viva la tradición. Y como no podía ser de otra manera, aquella noche, en la habitación donde nos alojaron, había dos de ellos. Dos de aquellas personas, que inconscientemente, hacen que pases largas horas nocturnas, sin poder dormir, escuchando sus acompasados ronquidos en esta ocasión, acompañando a la lluvia que copiosamente, había empezado a caer durante la cena. A la mañana siguiente, las nubes habían desaparecido, o al menos no las vimos a primera hora, ya que después del desayuno, cuando aun la oscuridad se imponía sobre la claridad del día, nos pusimos en marcha, de camino a la que sería, la gran excursión de la U.E.F. en ese verano. Una media hora caminando más o menos y Moisés nos recuerda que hoy no lleva sus zapatillas 3D sino que ha vuelto a las antiguas botas, y a las primeras de cambio ya ha ido por los suelos. Todo hay que decirlo, sería la primera y la última caída de la jornada. El gran jefe, que ya desde los primeros pasos ha tomado la cabeza del grupo, pone un ritmo que si bien es algo inferior del que solemos llevar en el parque de Sant Llorenç de Munt, continua siendo lo suficientemente alegre, como para que, antes de afrontar las rampas más acusadas de la subida al Estany de Sotllo, adelantemos a un grupo que ha empezado a caminar antes que nosotros, y que hace comentarios sobre el paso que llevamos cuando los dejamos atrás. Disfrutando de las vistas, sobre todo aquellos que salen con menor frecuencia del parque, y que están más habituados a caminar entre el tupido bosque, bordeamos los dos lagos, encontrando en el Estany d´Estats varias tiendas de campaña, de montañeros que ayer ya adelantaron un buen tramo del recorrido, y que hoy no han tenido la necesidad de madrugar tanto como nosotros. Eso sí, no nos dan ninguna envidia cuando pensamos en las mochilas que habrán tenido que acarrear para llegar hasta allí, y las comparamos con las nuestras. Hemos llegado al inicio de la tartera, la subida más dura y larga que nos encontraremos hoy. A su pie hay gente descansando y levantando un poco la vista, se puede ir siguiendo el camino, y de vez en cuando se ve a los que por delante nuestro, ya han empezado a subir al Port de Sotllo. Pero esto no inquieta a Florenci, ha decidido que hoy vamos a ir a ritmo, y a ritmo vamos, y por mucho que se le increpa dando palmas para ver si aviva el paso, él impertérrito, hace caso omiso a las provocaciones y continua con la velocidad de crucero. De todos aquellos a los que damos alcance, el más curioso, es un personaje que sube con el casco puesto, para protegerse la cabeza en el caso de una hipotética caída de piedras, algo que viendo la fisonomía de la tartera se antoja muy poco probable. La caída de piedras sí, pero no para que lleguen a ser peligrosas, y mucho menos que te golpeen en la testa. Cada loco con su tema, él sube con casco, y nosotros vamos como locos (aunque hoy no tanto) y dando palmas, solo por diversión, la montaña es así. Llegamos al Port de Sotllo, y solo con ver lo húmeda que está la pared por donde hay que grimpar para llegar desde allí hasta el Pic Verdaguer, nos reafirmamos en la idea inicial de bajar hasta la Cometa d´Estats y rodear esta montaña para llegar a nuestro objetivo como si hubiéramos subido desde Francia. Es una lástima perder tanto desnivel, pero después de la lluvia de ayer, la cresta está demasiado mojada, para que nos metamos en ella. En la bajada encontramos algo de atasco, al dar alcance a un grupo bastante numeroso que nos precede y que avanza con bastante lentitud, sobre todo cuando hay que superar algún pequeño resalte rocoso, donde se entretienen muchísimo. Poco a poco vamos avanzando como podemos, hasta que en una zona de piso rocoso, conseguimos a adelantar a gran parte de ellos, quedando por delante nuestro, tan solo pequeños grupos que no dificultan la marcha. Y así, adelantando poco a poco a los que nos preceden llegamos al cruce con el sendero que sube al Montcalm. Es aquí donde el camino que nos tiene que llevar a la Pica d´Estats, empieza de nuevo a inclinarse, siendo cada vez necesario hacer un esfuerzo mayor para poder avanzar. De repente, a nuestra izquierda aparece la pirámide cimera de la Pica hacia la cual nos dirigimos, y a la derecha la del Pic Verdaguer. Después de unos minutos de subir entre las rocas, ayudándonos en alguna ocasión de las manos para superar con mayor facilidad unos pasos que ya de por sí no tienen ninguna complicación, alcanzamos el punto más elevado de Cataluña, coronado con una cruz. Comemos un poco, hacemos cuatro fotos (suerte que la U.E.F. no perdía el tiempo inmortalizando momentos según pone el la página de incio), y volvemos a caminar, dejando atrás el primer tres mil del día, para volver de nuevo al collado que separa ambos montes. Casi a la carrera, a Francisco le apetecía relajar y como él dice “Se ha dejado de ir”, aprovechando el impulso de la bajada, subimos la segunda cumbre de la jornada, donde volvemos a hacernos fotos que demuestren, más adelante cuando contemos nuestras hazañas, que estuvimos allí. Para regresar hasta el coche, tenemos que desandar todo lo que hemos hecho para llegar hasta aquí, así que aunque es temprano, tampoco podemos entretenernos, porque aun queda un buen trecho. Al llegar a la Cometa d´Estats, Javier, Pepe y Francisco deciden aprovechar ya que está tan a tiro para subir hasta el Pic de Sotllo, porque sería una lástima no hacer cima, teniéndola tan a mano. Florenci y Moisés deciden seguir subiendo hasta el Port de Sotllo, para iniciar el descenso hasta el refugio de Vallferrera, más adelante ya nos encontraremos y en caso contrario, nos esperan en el refugio. Así que el grupo se separa para continuar subiendo pero en distintas direcciones. El camino para subir hasta el Sotllo, es casi inexistente, de vez en cuando aparece un furtivo hito que te indica que no vas muy desencaminado, pero por lo demás, se trata de remontar la ladera de la montaña, por donde lleva la intuición, avanzando por el caos de rocas y piedras sueltas, eligiendo, para superar la última pared que separa de la cumbre, el paso más franco, o lo que es lo mismo, no haciéndole caso a Francisco en sus indicaciones, ya que su idea era subir directo grimpando por las rocas, hasta llegar a la alargada cima, coronada con un vivac hecho de piedras. Para bajar el camino no es que esté mucho mejor, piedras sueltas, tierra, puntos donde desaparece para luego aparecer varios metros más adelante, pero siempre bajando hacia el camino que sube de la Cometa d´Estats, enlazando con éste cuando prácticamente ha llegado al Port de Sotllo. En este terreno Francisco se mueve a la perfección, y nos da una lección de cómo bajar corriendo por un terreno descompuesto, donde cualquier otro acabaría cayendo después de unas pocas zancadas. Desde el Port de Sotllo nos lanzamos cuesta abajo en busca de Florenci y Moisés, volviendo a pasar por los dos Estanys y aprovechando para hacer unas fotos que no hemos podido hacer durante la subida, ya que la luz no era la más apropiada. Como no podía ser de otra manera, en los tramos de bajada es Francisco quien marca el ritmo, y Pepe el encargado de imponer su paso cuando la inclinación disminuye. Los alcanzamos ya pasado el Estany de Sotllo, a pocos minutos de volver a subir para después rodear el Serrat d´Areste, resiguiendo las Pales d´Areste, y afrontar la definitiva bajada hacia el refugio. De nuevo en Vallferrera, con toda la tranquilidad del mundo, sabiendo que el objetivo se ha cumplido, nos relajamos tomando algo mientras nos vamos duchando y adecentándonos con ropa más urbana que la que hemos llevado desde primera hora de la mañana. De nuevo con la dichosa maleta a cuestas, regresamos al aparcamiento donde ayer habíamos dejado el coche. |

a en el 2008 quisimos ir a la Pica d´Estats, pero al dejarlo para última hora, cuando llegó el momento de hacer la reserva en el refugio de Pinet (pretendíamos hacerlo por el lado francés para que nos acompañaran Jordi y Sigrid), estaba todo ocupado y tuvimos que posponerlo un año, hasta que el primer fin de semana de las vacaciones de verano del 2009, nos pusimos en marcha para intentar subir la cima más alta de Cataluña.